Mis hijos salieron con un zapato de cada par
Hoy mis hijos salieron con un zapato de cada par.
Sí. De cada par.
Uno llevaba un tenis azul y otro negro, y yo me di cuenta cuando ya íbamos tarde, con mochilas al hombro, el desayuno apenas resuelto y esa sensación de que la mañana empezó corriendo antes de que una terminara de despertar.
Lo más irónico es que ni siquiera sirvió estresarme tanto, porque llegamos tarde igual.
Y mientras iba pensando en eso, me cayó una idea que no siempre es fácil aceptar como mamá: no todo tiene que salir perfecto para que esté bien.
Porque una quiere todo al mismo tiempo. Que desayunen bien. Que no olviden nada.
Que salgan peinados. Que el uniforme vaya completo. Que el día arranque en orden. Que una no sienta que desde las 7 de la mañana ya va perdiendo.
Pero criar no se trata de controlar cada detalle. Se trata de aprender a distinguir qué sí importa de verdad.
Hay cosas que pueden pasar sin que el mundo se caiga. Un peinado chueco. Cinco minutos tarde. Un calcetín perdido. Hasta un zapato cambiado.
Y hay otras que sí vale la pena elegir con intención. Sobre todo las que acompañan su movimiento, su crecimiento y su desarrollo todos los días.
En Georgie Boy creemos justo en eso: no en hacerlo perfecto, sino en acompañarlos mejor.
¿A ti también te ha pasado una mañana así? Respóndeme este correo, te leo.
Con cariño,
Georgina