Lo que me dijo un papá en la puerta del café

Esta mañana fui por mi café de siempre.

Con leche de almendras, porque la lactosa y yo ya no estamos en buenos términos.

Iba saliendo cuando me topé con un amigo, papá de cuatro. Lo saludé como siempre, pero traía una cara que no era de "me desvelé viendo una serie".

Era otra cosa.

Le pregunté si pasaba algo.

Y se abrió.

Me contó que a uno de sus hijos lo están molestando en el colegio.

Me habló de la angustia. Del nudo. De esa mezcla horrible que una no sabe ni acomodar, porque trae tristeza, impotencia y también rabia.

Sí, rabia.

Aunque luego una se sienta mal por admitirlo.

Y después vino la pregunta que pesa más: "¿Se me pasó algo?"

No sé si hay una pregunta más cruel para una mamá o un papá que esa.

Lo escuché ahí parada, con el café enfriándose, porque hay conversaciones que valen más que llegar a tiempo.

Y me quedé pensando en algo.

A muchos nos criaron con un "ve y defiéndete" que sonaba a consejo fuerte, pero a veces era una forma bonita de decir: arréglatelas solo.

Y no.

Acompañar no es vivir la vida por ellos.

Pero tampoco es aventarlos al mundo con una frase de adulto y esperar que sepan qué hacer.

Acompañar es estar cerca. Escuchar. Hablar con la escuela si hace falta. Enseñarles que pedir ayuda no los hace débiles.

No se trata de cargar sus batallas.

Se trata de que no crean que tienen que cargarlas solos.

En Georgie Boy creemos mucho en eso. En acompañar sus pasos, incluso los que no se ven.

Si hoy estás cargando algo parecido, no lo cargues sola.

Acompáñalos mejor.

Con cariño,
Georgina

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