La mamá de Santiago nos ganó a todas
El otro día en la escuela les pidieron a los niños hablar de una mujer que admiraran.
Yo, ingenua, pensé en Marie Curie.
También pensé en Frida. En Sor Juana. En alguna astronauta. En una mujer que hubiera cambiado la historia, descubierto algo, escrito algo, defendido algo.
Ya sabes.
Una estaba lista para ponerse profunda.
Pero no.
Varios niños dijeron que admiraban a la mamá de Santiago.
La mamá de Santiago.
Y ahí nos quedamos las demás mamás, tratando de no poner cara de "perdón, ¿qué está pasando aquí?".
Porque claro.
Una piensa: yo también estoy presente. yo también llevo lonchera. yo también firmo permisos. yo también recuerdo el disfraz cinco minutos antes de salir. yo también he pegado tarea con pritt a las once de la noche.
¿Por qué la mamá de Santiago?
Y entonces nos explicaron.
La mamá de Santiago siempre manda snacks con forma de animalitos.
Ah.
Todo tuvo sentido.
No era una reflexión sobre la historia de las mujeres.
Era un caso clarísimo de soborno con galletas bonitas.
Y no voy a mentir: la estrategia es fuerte.
Los niños son así.
A veces aman lo que brilla. Lo que tiene forma divertida. Lo que trae personaje. Lo que se ve distinto. Lo que les da gusto en ese segundo.
Y está bien.
Son niños, no miembros de un comité de compra responsable.
Pero una como mamá tiene que vivir en dos mundos al mismo tiempo.
El mundo de lo que ellos quieren ahorita.
Y el mundo de lo que de verdad les ayuda después.
Porque no todo lo que conquista a un niño lo cuida.
A veces solo lo emociona.
Y eso pasa con muchas cosas.
Con la comida. Con la ropa. Con los juguetes. Y también con los zapatos.
Un zapato puede llamarles la atención por el color, por las luces, por el personaje, por "mamá, esos".
Pero cuando ya pasó el encanto de los primeros cinco minutos, queda lo importante:
¿pueden moverse bien? ¿les queda cómodo? ¿los acompaña cuando corren, juegan, suben, bajan, se tropiezan y vuelven a intentar? ¿está pensado para la etapa en la que están?
En Georgie Boy nos gustan los zapatos bonitos, claro.
No vamos a fingir que no.
Pero no elegimos solo para ganar el momento.
Elegimos pensando en todo lo que viene después.
En sus pasos. En su movimiento. En su comodidad. En sus ganas de comerse el mundo sin que el zapato les estorbe.
Porque una cosa es que algo les encante.
Y otra, muy distinta, es que los acompañe bien.
Si estás buscando zapatos para tus hijos, aquí puedes ver opciones pensadas para su movimiento, su comodidad y su crecimiento.
Con cariño,
Georgina