El zapato que le quedaba perfecto hace tres semanas

Hay algo medio frustrante de comprar zapatos para niños.

Cuando por fin sientes que encontraste el par correcto, resulta que dura menos de lo que esperabas.

Hace tres semanas le quedaba perfecto.

Hoy ya no tanto.

Y no siempre es porque una se equivocó.

Es porque los niños crecen sin avisar.

El pie cambia. El cuerpo cambia. La forma de caminar cambia.

Y nadie te enseña eso cuando te vuelves mamá.

Nadie te explica que comprar zapato infantil no es igual que comprar cualquier otra cosa.

Porque aquí no basta con que hoy se vea bien.

Tiene que acompañarlo bien. Tiene que darle espacio. Tiene que servirle no solo ahorita, sino también cuando de verdad lo vaya a necesitar.

Creo que por eso tantas veces una compra con la mejor intención y, aun así, siente que falló.

Pero no siempre es descuido.

A veces solo es falta de información.

Nos enseñaron a fijarnos en si aprieta, si se sale o si combina bonito.

Pero no tanto en algo más útil: que no compras el zapato que le queda hoy.

Compras el que le va a quedar el día que lo necesitas.

Esa diferencia parece pequeña, pero cambia mucho.

Porque cuando entiendes eso, ya no eliges desde la prisa.

Eliges con un poco más de calma. Con más criterio. Con más idea de lo que estás buscando de verdad.

Y para mí, ese tipo de ayuda sí hace una diferencia.

No hacer sentir culpable a la mamá.

Solo ayudarla a decidir mejor.

Quizá por eso en Georgie Boy nos importa tanto acompañar este momento con más claridad y menos ruido.

Porque elegir un zapato infantil parece simple.

Hasta que te toca hacerlo de verdad.

Con cariño,
Georgina

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